lunes, 9 de octubre de 2017

lunes, 25 de septiembre de 2017

ANÍBAL Y AMÍLCAR – ROMA CONTRA CARTAGO. Una Revisión Histórica de las Cartas de Estrategia - XI (Final)




La Primera y Segunda Guerra Púnica supusieron un enfrentamiento entre dos grandes potencias que marcaría el devenir histórico de nuestro país. Por ello, hemos preparado la siguiente revisión histórica de las cartas de estrategia en las que podréis comprobar cómo se han integrado los acontecimientos históricos en el funcionamiento de cada una de las cartas del juego.

Desde Ediciones MasQueOCa queremos dar la gracias a Francisco Floro, que se ha encargado de su elaboración y amablemente nos ha permitido compartirla en el blog con todos vosotros.

Nota: la traducción final puede variar del nombre actual de cada carta.


CARTAS 101-114



Carta #101: Mar cruel



Las tormentas, las batallas y los arrecifes no advertidos en la oscuridad provocaban gran número de naufragios a los valientes marineros, que nunca podían tener la certeza de éxito en el cruel mar. Por añadidura, los romanos habían querido compensar su menor número de buques en la Primera Guerra Púnica y su menor pericia como marineros con el “corvus”, un puente levadizo que permitía a sus soldados abordar las naves enemigas para atacar a las tripulaciones púnicas, ante las que sí se veían aventajadas en este tipo de combate.

Por desgracia para los romanos, el “corvus” restaba gran estabilidad a las naves, así que, aunque se demostró muy efectivo en los combates, fue probablemente causa de naufragios de flotas completas y de gran tamaño.


Carta #102: Déficit de la tesorería



Las guerras ponen a prueba la capacidad económica de las naciones. Los rendimientos del trabajo disminuyen -pues los hombres van a combatir al frente, abandonando labores económicas de cualquier tipo, y además las rutas comerciales quedan cerradas en muchos casos, como sucedió a Cartago- y esto implica una recaudación tributaria menor, pero se ha de pagar el salario de los soldados, su equipamiento y los suministros que necesitan, además de financiar la construcción de las flotas, que en el caso de la Primera Guerra Púnica, fue asunto de vital importancia y requirió de abundantes recursos.

En la Primera Guerra Púnica, la situación económica de Cartago se volvió tan delicada que los púnicos se vieron casi forzados a escatimar su pago a Jantipo y el resto de mercenarios, como ya se ha reseñado. En cuanto a Roma, para financiar su flota se vio en la indeseable tesitura de tener que exigir a los ciudadanos más acaudalados que prestaran sumas que se les devolverían tras la guerra. También sabemos por Tito Livio que Roma tuvo que doblar el impuesto de guerra el año tras la batalla de Cannas, ya en la segunda conflagración contra Cartago.



Carta #103: Programa de entrenamiento naval



La experiencia naval de Roma antes de la Primera Guerra Púnica era, según consenso de la mayoría de historiadores, muy escasa, con lo que esta nueva guerra, de tipo muy diferente a las itálicas, requirió no solo la construcción de flota, sino el entrenamiento de sus tripulaciones. Polibio habla de estos entrenamientos.



Carta #104: Aníbal el Rodio



Polibio nos habla de un personaje originario de la ciudad de Rodas, en Grecia, que mandaba un quinquerreme especialmente rápido, lo que le permitió, junto con el aprovechamiento de la marea baja, romper el bloqueo romano durante el sitio de Lilibeo y traer suministros a la ciudad. Pero no se limitó a ello, sino que envió importantes informes de inteligencia tras hacer acopio de información.

Al final, los romanos acorralaron al marino, haciéndole encallar y abordando su barco por la fuerza, del que se apropiaron para copiar su magnífico y eficaz diseño.



Carta #105: Falange



La falange era el tipo de disposición táctica propio de la Antigua Grecia, y puesto que Jantipo era un comandante espartano, era natural que la empleara. La falange fue evolucionando con el tiempo, pero a grandes rasgos consistía en la formación de los hombres en cuadros -filas y columnas ordenadas-, peleando juntos, codo con codo y procurando evitar que se rompiera la formación, lo que pondría en apuros a los soldados que quedaran al margen de ella, expuestos por todos lados, así como a los de dentro, pues se dejaba una brecha abierta.

Famosa fue la falange tebana u oblicua, que situaba los cuadros escalonadamente y concentraba a buena parte de sus hombres en uno de sus flancos, con mayor profundidad, para aplastar primero al enemigo en el mismo sector y envolver al resto de adversarios. Como combatir así sin debilitar el resto de la línea exigía reducir la longitud que abarcaban los hoplitas en el campo de batalla, la infantería ligera y la caballería ganaron gran importancia como protectoras de los flancos y como partícipes de envolvimientos posteriores. Su artífice fue el general Epaminondas en la batalla de Leuctra contra Esparta, acaecida en el 371 a.C.

El tercer tipo de falange fue la macedonia, ideada por Filipo II, padre de Alejandro Magno, que la utilizó con muy buenos resultados. Los hombres fueron equipados con la sarisa, un tipo de lanza particularmente larga -o pica- y formaban en gran profundidad, apoyando las filas traseras a las delanteras gracias a la longitud de sus armas.



Carta #106: Construcción naval de emergencia



Durante la Primera Guerra Púnica se perdieron centenares de barcos, pero rápidamente tenían que ser reemplazados, pues el curso de la guerra dependía de ello. Las naves se utilizaban para transportar tropas a Sicilia y por Sicilia -y hacia África-, para realizar incursiones, para bloquear ciudades y rendirlas por asedio y para capturar y destruir flotas enemigas.

La primera flota romana se construyó en el 261 a.C., otra de ellas en el año 249 y, la última y victoriosa, en el 242 y gracias a los préstamos que la República exigió a sus hombres acaudalados que concedieran.



Carta #107: Premios



Esta carta representa la captura de buques enemigos para el uso por parte de los romanos. Mientras que la estrategia cartaginesa estaba más centrada en la destrucción de los barcos enemigos, los romanos, en parte por ser mejores soldados y peores marineros, decidían abordar los buques adversarios.



Carta #108 y #109: Incursión naval - Incursión en puerto



La guerra nunca se ha dirigido exclusivamente en los grandes campos de batalla. Entre las acciones habituales de guerra se pueden contar las incursiones de los forrajeadores y saqueadores para aprovisionarse de alimento y riquezas, impedir este abastecimiento u hostigar al enemigo, por ejemplo, para forzarle a combatir donde un general considera más propicio.

Mutines, el númida, se hizo famoso por el éxito de sus numerosas incursiones.



Carta #110: Mare Nostrum



En sus tiempos de apogeo, Roma llegó a controlar absolutamente el Mediterráneo, adueñándose de toda la costa, por la que se habían expandido estratégicamente. Era por eso que lo llamaban “Mare Nostrum”, cuyo significado es evidente, aunque antes de estar bajo control romano, era más bien el mar de los cartagineses.



Carta #111: Marcha por el desierto



Como Amílcar Barca no tenía una flota para transportar sus tropas tras la derrota en la Primera Guerra Púnica, tuvo que avanzar con ellas desde Cartago hasta el estrecho de Gibraltar, que fue cruzado después en balsas, con cierto número de bajas -pensemos que, en nuestra propia época, sigue habiendo aventureros que lo cruzan en las mismas condiciones y tampoco sobreviven-. Por si esta travesía no fuera ya lo suficientemente dura, antes se tuvo que afrontar la del desierto.



Carta #112: Cala oculta



En el juego no están representados todos los puertos, solo aquellos en los que podían embarcar y desembarcar un gran número de tropas. Esta carta representa la posibilidad de utilizar un puerto que ofreciera condiciones algo más desventajosas, si bien tal acción resultaría más sorpresiva. Génova era uno de estos puertos, utilizado por Magón Barca.



Carta #113: El precio del fracaso



A Cartago no le gustaban los perdedores. Por ello, algunos generales no eran solo depuestos, sino también ejecutados en la cruz después de sus fracasos. Entre ellos, al menos Aníbal Giscón y uno llamado Amílcar, pero no el Bárcida. ¿Los delitos de Giscón? Primero perdió la ciudad de Agrigento (261 a.C.), asediada por Roma, a pesar de luchar con contumacia y con la habilidad que cabría esperar. Después fue derrotado estrepitosamente en la batalla de Milas (260 a.C.) por culpa del corvus. Colmó el vaso su derrota en Cerdeña en el 258 a.C. frente a Cayo Sulpicio Patérculo, en la llamada batalla naval de Sulci. Algunas fuentes señalan que fue ejecutado por sus superiores y otras -Tito Livio, que señala como año el 257-, que fueron sus propios hombres derrotados.

La batalla de Sulci supuso que los romanos ganaran el control de casi toda Cerdeña, siendo la excepción la fortaleza de Olbia, en la parte septentrional. Ambos bandos habrían utilizado cien naves, y los romanos habrían atacado desde la niebla, causando sorpresa. Parece ser que, tras esto, los cartagineses volvieron a puerto, que fue atacado por los romanos, destruyendo en el proceso cuarenta naves desalojadas y amarradas.



Carta #114: Mal augurio



Nótese que en la ilustración de la carta aparece un ave. La observación de los pájaros se consideraba en la antigua Roma una buena manera de predecir la voluntad de los dioses y los acontecimientos, hasta tal punto que la leyenda nos cuenta que así es como Rómulo y Remo decidieron cuál de ellos sería primer monarca de la urbe que fundaron. El primero se habría situado en la colina del Palatino y el segundo en la del Aventino, y al ver Rómulo más aves, habría vencido a su hermano, escogido por los dioses.

Otros signos que interpretaban los augures eran los rayos y relámpagos, el apetito o falta de apetito de los “pollos sagrados”, la actitud de mamíferos y reptiles y los sucesos extraordinarios, considerados de mal augurio. Tito Livio señala muchos de ellos -criaturas que cambian de sexo, estatuas que sudan sangre, etc.- y es difícil de creer que la mayoría se dieran realmente. Importante también es la mención al estudio de las vísceras de los animales.

Es reseñable la anécdota relativa al cónsul Publio Claudio Pulcro, que perdió la batalla de Drépano tras recibir malos augurios sobre ellas. Parece ser que, negándose los pollos sagrados a comer, los arrojó al agua para que “bebieran”, diciendo: “Ut biberent, quando esse nollent”.









jueves, 21 de septiembre de 2017

ANÍBAL Y AMÍLCAR – ROMA CONTRA CARTAGO. Una Revisión Histórica de las Cartas de Estrategia - X




La Primera y Segunda Guerra Púnica supusieron un enfrentamiento entre dos grandes potencias que marcaría el devenir histórico de nuestro país. Por ello, hemos preparado la siguiente revisión histórica de las cartas de estrategia en las que podréis comprobar cómo se han integrado los acontecimientos históricos en el funcionamiento de cada una de las cartas del juego.

Desde Ediciones MasQueOCa queremos dar la gracias a Francisco Floro, que se ha encargado de su elaboración y amablemente nos ha permitido compartirla en el blog con todos vosotros.

Nota: la traducción final puede variar del nombre actual de cada carta.


CARTAS 91-100



Carta #91: Ciudadela



Las ciudades antiguas y medievales estaban protegidas a menudo por algo más que una muralla. Cuando los romanos quisieron tomar Jerusalén, tuvieron que derribar tres murallas y asaltar la Fortaleza Antonia, una poderosa ciudadela.

Tarento contaba también con una ciudadela para su defensa, de modo que los romanos pudieron refugiarse en ella cuando los habitantes los traicionaron y los cartagineses entraron en ella. Consiguieron mantener su control tres años hasta que Quinto Fabio Máximo recuperó el dominio de la ciudad. Esto fue posible porque las naves romanas conseguían romper el bloqueo para suministrar a los defensores.



Carta #92: Naufragio de la quinquerreme



Las tormentas, las batallas y los arrecifes no advertidos en la oscuridad provocaban gran número de naufragios a los valientes marineros, que nunca podían tener la certeza de éxito en el cruel mar. Por añadidura, los romanos habían querido compensar su menor número de buques en la Primera Guerra Púnica y su menor pericia como marineros con el “corvus”, un puente levadizo que permitía a sus soldados abordar las naves enemigas para atacar a las tripulaciones púnicas, ante las que sí se veían aventajadas en este tipo de combate.

Por desgracia para los romanos, el “corvus” restaba gran estabilidad a las naves, así que, aunque se demostró muy efectivo en los combates, fue probablemente causa de naufragios de flotas completas y de gran tamaño.


Carta #93: Ingenieros de asedio



Durante la Antigüedad se utilizaron distintas máquinas de guerra para poder llevar a buen término los dificultosos asedios. Estaba el ariete, que solía estar rematado en un extremo afilado que podía ser metálico o en un cráneo de carnero, que podía ser sujeto por cuerdas para conseguir un movimiento pendular, que usualmente se colocaba en un tren móvil con ruedas y que podía protegerse con una cubierta. También la catapulta, una pieza primitiva de artillería que arrojaba grandes rocas y otros objetos con un movimiento de parábola. Y la torre de asedio, que permitía a los soldados llegar sobre la muralla sin necesidad de escaleras ni cuerdas.

Otras máquinas de asedio eran la balista, que disparaba dardos, y el escorpión, que proyectaba dardos y piedras más pequeñas que una catapulta.

Durante la Primera Guerra Púnica, Siracusa auxilió a los romanos en sus asedios, con gran éxito.


Carta #94: Hierón se alía con Roma



En los albores de la Primera Guerra Púnica, Hierón II de Siracusa se alió con Cartago para asediar Mesina junto a un general llamado Hannón. Cuando fueron bloqueados por Apio Claudio el Censor (o “el Ciego”), el tirano siracusano dejó de fiarse de su aliados y regresó a su patria.

Como los cónsules que sucedieron a Claudio consiguieron grandes éxitos, especialmente en la persona de Manio Valero Mesala, Hierón decidió aliarse entonces con Roma. El tirano liberó los prisioneros romanos, pagó una indemnización de 100 talentos de plata y envió tropas para ayudar a los romanos en los asedios de Agrigento, Camarina y Lilibeo. También se convirtió en fuente de suministros para ellos. Por ello, consiguió una paz ventajosa para él también, y su alianza romana perduraría hasta su muerta durante la Segunda Guerra Púnica, en la que se mantuvo como el aliado más fiel de la República.

La alianza también consiguió desviar la atención de los fenicios hacia Siracusa, que intentaron tomar. Astutamente, Hierón reaccionó enviando una fuerza expedicionaria a África, lo que precipitó el ataque púnico y su derrota. Parece que en esto siguió el ejemplo del famoso Agatocles.


Carta #95: Aliados navales



Siracusa era una potencia naval desde su fundación. No podía ser de otra forma, estando en territorio de tipo insular y siendo colonia griega, pues los griegos fueron destacados marinos. De hecho, es muy posible que Siracusa proporcionara los conocimientos tecnológicos navales a Roma de los que previamente carecían los quirites, aunque los historiadores se hallan divididos en sus hipótesis al respecto, aseverando otros que copiaron diseños púnicos y unos terceros que sí disponían de conocimientos navales por su defensa contra los piratas. Lo mismo se podía esperar de los pueblos lucanos y apulios, con acceso al mar, que fueran navegantes duchos y pudieran auxiliar a Roma.


Carta #96: Escándalo de la construcción naval



[No dispongo de ni encuentro información sobre este punto en concreto. Dejo constancia de ello en lugar de obviar la mención a la carta]


Carta #97: Hannón aconseja a Cartago



Hemos hablado ya de la figura de Hannón “el Grande” y sus desventurados consejos a los prohombres cartagineses durante la Segunda Guerra Púnica, además de su reticencia a combatir a Roma. En la guerra anterior, no se había mostrado distinto.

Hacia el año 244 a.C., Hannón, pensando que la Primera Guerra Púnica estaba terminando, usó sus influencias para desmovilizar la flota, lo que dio una oportunidad dorada a Roma para sobreponerse en el mar.


Carta #98: Intercepción



La intercepción de una flota enemiga en una época muy anterior a la aparición de los radares era sustancialmente más difícil que la de un ejército terrestre. Solo cuando el enemigo se dejaba ver en tierra, fuera por hacer navegación costera, hacer incursiones, bloqueos o fondear la flota en puerto, se podía inferir su posición de manera muy genérica y enviar naves para tratar de encontrarlo en acciones de patrulla. También si se conocían sus planes por intercepción de un mensaje -como el que se descubrió durante la Segunda Guerra Púnica que revelaba los planes de Filipo V de enviar su flota a Iliria-, la venta de información por parte de un traidor o el uso de espías.


Carta #99: Evasión



Las naves ligeras por su construcción, las velas adecuadas, los vientos favorables y los remeros suficientes, fuertes y diligentes, podían salvar a una flota del desastre absoluto con un movimiento de evasión.


Carta #100: Los mercenarios reclaman su pago



Parece ser que la costumbre de Cartago de contratar buen número de mercenarios para nutrir sus ejércitos estaba más extendida que la de pagarles las cantidades convenidas y en los plazos comprometidos.

Después de que Cartago arrasara Agrigento en el marco de la Primera Guerra Púnica, el hábil Jantipo se vio obligado a huir para evitar que le pagaran con hierro en lugar del oro que se había acordado desembolsar. No sería la primera vez que los fenicios se marcaran un “simpa”, pues, quedándose sin dinero tras la citada guerra, pretendieron que sus acreedores aceptaran una quita, lo que desembocó en una rebelión de dos decenas de millares de infantes y cuatro mil jinetes, dotados de trescientos elefantes. Después, estos levantaron a todas las ciudades africanas bajo el dominio cartaginés contra la metrópoli, con las solas excepciones de Bizerta y Útica. Ante esta situación, Hannón “el Grande” y Amílcar se pusieron al mando de sendos ejércitos y enfrentaron una guerra contra los sublevados que Cartago habría de vencer.








sábado, 16 de septiembre de 2017

ANÍBAL Y AMÍLCAR – ROMA CONTRA CARTAGO. Una Revisión Histórica de las Cartas de Estrategia - IX




La Primera y Segunda Guerra Púnica supusieron un enfrentamiento entre dos grandes potencias que marcaría el devenir histórico de nuestro país. Por ello, hemos preparado la siguiente revisión histórica de las cartas de estrategia en las que podréis comprobar cómo se han integrado los acontecimientos históricos en el funcionamiento de cada una de las cartas del juego.

Desde Ediciones MasQueOCa queremos dar la gracias a Francisco Floro, que se ha encargado de su elaboración y amablemente nos ha permitido compartirla en el blog con todos vosotros.

Nota: la traducción final puede variar del nombre actual de cada carta.


CARTAS 81-90



Carta #81: Reclutas en Sicilia



Sicilia era, junto con el sur de Italia, la constituyente de la Magna Grecia, una gran colonia griega en la península itálica y sus islas australes. A excepción de Siracusa, aliada romana dirigida por el fiel Hierón II, la isla de Sicilia estaba dominada por Roma cuando estalló la Segunda Guerra Púnica, pero todo cambió tras Cannas, cuando las ciudades griegas se rebelaron contra Roma con la excepción de Regio. Parece que, tras la guerra, Crotona quedó en muy mal estado.


Carta #82: Mercenarios celtas



Los celtas fueron un conjunto de pueblos europeos con similitudes culturales, religiosas y, sobre todo, lingüísticas. Incluían a celtíberos y galos, de los que ya se ha hablado. Entre sus rasgos parecen incluirse el gusto de los nobles por la organización de festines, su pendenciera y jactanciosa falta de sobriedad, el uso de prendas de lana de colores llamativos y la arquitectura circular. Su religión era panteísta o animista, dirigida por druidas que eran a su vez educadores de los jóvenes.


Carta #83: Imperium – Sicilia y África



A menudo las regiones no itálicas que dominaba Roma estaban bajo el control de un pretor, caso de Sicilia, o de un procónsul, caso de África, donde (en esta guerra concretamente) no referimos un control político, sino puramente militar. En realidad, de todas formas, distan años entre las campañas en Sicilia y África, mediando entre ellas los movimientos en Italia.


Carta #84: Buenos presagios



Nótese que en la ilustración de la carta aparece un ave. La observación de los pájaros se consideraba en la antigua Roma una buena manera de predecir la voluntad de los dioses y los acontecimientos, hasta tal punto que la leyenda nos cuenta que así es como Rómulo y Remo decidieron cuál de ellos sería primer monarca de la urbe que fundaron. El primero se habría situado en la colina del Palatino y el segundo en la del Aventino, y al ver Rómulo más aves, habría vencido a su hermano, escogido por los dioses.

Otros signos que interpretaban los augures eran los rayos y relámpagos, el apetito o falta de apetito de los “pollos sagrados”, la actitud de mamíferos y reptiles y los sucesos extraordinarios, considerados de mal augurio. Tito Livio señala muchos de ellos -criaturas que cambian de sexo, estatuas que sudan sangre, etc.- y es difícil de creer que la mayoría se dieran realmente. Importante también es la mención al estudio de las vísceras de los animales.

Es reseñable la anécdota relativa al cónsul Publio Claudio Pulcro, que perdió la batalla de Drépano tras recibir malos augurios sobre ellas. Parece ser que, negándose los pollos sagrados a comer, los arrojó al agua para que “bebieran”, diciendo: “Ut biberent, quando esse nollent”.


Carta #85: Mercenarios númidas



La influencia de una u otra de las grandes potencias enfrentadas en la Segunda Guerra Púnica varió en las dos Numidias, al oeste de Libia y próximas a Cartago, pero no limítrofes. Al principio Sífax comprometió su fidelidad con los romanos, que enviaron a Quinto Estatorio para hacer un ejército profesional y disciplinado de sus desastrosas huestes. Sífax era rey de los masesilos de la Numidia occidental. Ambicioso como era, se enfrentó a Gaia, rey de los mesulios de la Numidia oriental y aliado de Cartago, pero fue derrotado dos veces por el joven príncipe Masinisa.

Gaia murió y Masinisa le sucedió tras vencer a su tío Oezalces en una guerra civil. Sífax se había pasado al bando cartaginés tras el matrimonio con Sofonisba, hija del noble general Asdrúbal Giscón, que rivalizó con Aníbal y luchó en Hispania. Explotando la rivalidad, los romanos ganaron a Masinisa como aliado.


Carta #86: Incursiones sorpresa



La guerra nunca se ha dirigido exclusivamente en los grandes campos de batalla. Entre las acciones habituales de guerra se pueden contar las incursiones de los forrajeadores y saqueadores para aprovisionarse de alimento y riquezas, impedir este abastecimiento u hostigar al enemigo, por ejemplo, para forzarle a combatir donde un general considera más propicio.

Mutines, el númida, se hizo famoso por el éxito de sus numerosas incursiones.


Carta #87: Revuelta



Tanto los romanos como los cartagineses encontraron tribus hostiles a las que se enfrentaron, ya fuera porque estaban alineadas con el enemigo principal, ya fuera porque eran celosas de su independencia y no permitían que sus dominios fueran franqueados. Es el caso de los galos volcas, que plantaron cara a los cartagineses en el Ródano, cerca de la actual Marsella, en el primer año de la guerra y antes de que Aníbal penetrara territorio italiano. Fueron rodeados sorpresivamente y vencidos. También se les enfrentaron tribus alpinas que atacaban en los pasos montañosos, provocando desprendimientos y causando graves bajas.

Se han de mencionar también los ligures, que se aliaron con Cartago y participaron en la batalla del Metauro -resultando inútiles por su disposición, justo es señalarlo-. Galos cisalpinos, un pueblo indómito sometido débilmente por Roma, así como brucios, también se aliaron contra Roma, causando serios problemas a los quirites. Muy importante esta última intervención, pues daba cobertura a Aníbal en el sur de la península itálica.


Carta #88: Emboscada



En el ámbito militar distinguimos entre acciones estratégicas y tácticas. Las primeras buscan resultados a largo plazo, se fundamentan en la búsqueda general de una o más ventajas militares y son planteamientos desarrollados en una guerra o durante parte importante de la misma. Las segundas buscan resultados inmediatos, se fundamentan en el análisis del enemigo y el uso efectivo de los medios disponibles para conseguir los mejores resultados contra él y son planteamientos desarrollados durante una batalla.

Aníbal demostró ser tan buen estratega como táctico. Como táctico, demostró adaptabilidad, supo dirigir no solo los movimientos de sus ejércitos, sino también, con estratagemas, los del enemigo, y prácticamente solo sufrió una derrota importante y con notable diferencia entre las tropas que él había perdido y las bajas de un enemigo superior. Hablamos de Zama. Como estratega, ideó una manera de forzar a una Cartago reticente a hacer la guerra a los romanos, se aseguró el apoyo de los hispanos, galos y brucios, decidió dirigir una campaña en Italia para que fueran los territorios del enemigo los asolados, trabó alianzas para que los aliados itálicos pasaran a su bando, intentó desprestigiar a Quinto Fabio Máximo, ideó un ingenioso movimiento de diversión para tratar de aliviar el asedio de Capua y escogió siempre que pudo los campos de batalla y las circunstancias en las que combatiría. Esto último le permitió tender emboscadas a los romanos en las batallas de Trebia, Trasimeno y Cannas, donde los derrotó. También lo intentó en Geronio, donde un prudente Fabio evitó caer en la trampa.


Carta #89: Grano siciliano



Sicilia y su ciudad más importante, Siracusa, constituían un enorme granero. Hierón, rey de Siracusa, enviaba grano a Roma con regularidad, así como el resto de sicilianos, pero una vez murió Hierón y su sobrino Hierónimo decidió volverse del lado de los púnicos, y perdiendo Roma además el control del resto de Sicilia, el hambre acució.

Si Roma no obtenía alimento de Sicilia, tenía que exigirlo a sus aliados, pero esto desgastaba las alianzas. Más aún, a nadie le gusta apoyar a un aliado en una situación clara de debilidad.


Carta #90: Sacerdote de Marte



Los romanos eran muy supersticiosos y había rituales muy estrictos que había que respetar antes de que un cónsul pudiera marchar a la guerra. Cayo Flaminio Nepote no se preocupaba de tales cosas: era un hombre impetuoso, uno que no se sometía a reglas ni humanas ni divinas. Ya en su primer consulado sus adversarios políticos habían alegado defectos en los auspicios para apartarlo del cargo, y aunque se le solicitó que volviera de su campaña militar contra los insubrios y abandonara su cargo, no quiso hacerlo hasta que fueron derrotados.

Temiendo que lo volvieran a alejar del cargo y de la guerra en el año 217 a.C., cuando fue electo una segunda vez, decidió prescindir del sometimiento a los rituales pertinentes que habrían de haberlo retenido un Roma un tiempo mayor, dilatando la campaña. También decidió evitar celebrar el Festival Latino, encomienda que se le había hecho a razón de su cargo. Así, salió secretamente durante la noche y se dirigió a Trasimeno para caer en una trampa de Aníbal, ser derrotado completamente y morir valerosamente en la batalla, junto a sus hombres. El púnico lo emboscó situando hombres tras las colinas y con un señuelo que atrajo a Flaminio entre estas y el lago, rodeándolo y aniquilándolo entre la niebla que se levantó en contra de los romanos. Se culpó ciertamente al sacrilegio de Flaminio, considerando que los dioses se habían vengado, y teniendo en cuenta aquella niebla inesperada, parece difícil negarlo.









lunes, 11 de septiembre de 2017

ANÍBAL Y AMÍLCAR – ROMA CONTRA CARTAGO. Una Revisión Histórica de las Cartas de Estrategia - VIII




La Primera y Segunda Guerra Púnica supusieron un enfrentamiento entre dos grandes potencias que marcaría el devenir histórico de nuestro país. Por ello, hemos preparado la siguiente revisión histórica de las cartas de estrategia en las que podréis comprobar cómo se han integrado los acontecimientos históricos en el funcionamiento de cada una de las cartas del juego.

Desde Ediciones MasQueOCa queremos dar la gracias a Francisco Floro, que se ha encargado de su elaboración y amablemente nos ha permitido compartirla en el blog con todos vosotros.

Nota: la traducción final puede variar del nombre actual de cada carta.


CARTAS 71-80



Carta #71: Gades se alinea con los romanos



Gades, la actual Cádiz, es la ciudad occidental de la que tenemos referencias escritas que la sitúan como la más antigua de todas ellas, siendo fundada entre los siglos XIII y XI a.C. Fue fundada por fenicios de Tiro, cuyo origen confluye con el cartaginés. Rivalizaba como ciudad comercial con Tartessos, que trataba con los focenses. Cuando estos fueron derrotados por cartagineses y etruscos, los tartesios fueron aislados comercialmente y Gades cobró una importancia desmesurada como nuevo centro neurálgico del comercio atlántico y mediterráneo occidental. Siendo una ciudad tradicionalmente dentro de la órbita fenicio-cartaginesa y un saliente hacia el estrecho que dividía Europa de África, en ella desembarcó Amílcar Barca al pasar a Hispania.

Gades se entregó sin condiciones a Roma después de soportar un asedio del Africano. Este hecho resultó trascendental, pues tras la pérdida de Cartago Nova, a los cartagineses no les quedaba otro puerto fortificado, al menos de importancia, en Hispania. Había sido base de operaciones de Magón Barca y había podido resistir hasta su marcha, pero cuando la abandonó con sus efectivos, la ciudad se rindió.


Carta #72: La Legión Sagrada



La Legión Sagrada constituía la élite de las fuerzas cartaginesas. Como el lector sabe, el ejército cartaginés, a diferencia del romano, se nutría mayormente de mercenarios. Esto se debía a que los campesinos cartagineses no gozaban de los mismos derechos que los romanos y, por añadidura, solo eran reclutados en casos de extrema necesidad, teniendo un entrenamiento notablemente inferior al de los quirites. Sin embargo, la aristocracia púnica no participaba en la guerra únicamente limitada a su dirección. La baja aristocracia romana, los equites, engrosaban la caballería de las legiones, y los jóvenes hijos de los aristócratas cartagineses formaban la Legión Sagrada.

Como se ha dicho, la Legión Sagrada era un cuerpo de élite: esto se debía a su gran entrenamiento, consagrados sus miembros desde pequeños al templo de Astarté para dedicarse a tareas militares, pero también a su equipamiento. Formaban un cuerpo de infantería y caballería pesada. Como jinetes, combatían con lanzas. Como infantes, se armaban con lanza, espada corta, un gran escudo redondo (hoplón, propio de los hoplitas griegos), casco de bronce, grebas para proteger la parte inferior de las piernas y una buena armadura.


Carta #73: Levantamiento en Idubeda



Indíbil y Mandonio fueron, quizá, los dos hispanos más destacados de la Segunda Guerra Púnica, y eran paradigma del carácter ibérico, tan independiente y de fidelidades tan cambiantes, a menudo solo declaradas por obligación. Indíbil era líder de los ilergetes y Mandonio de los ausetanos, tribus situadas en la parte nororiental de la península.

La primera traición de Indíbil y Mandonio fue contra los cartagineses que los sometían, pues se unieron a los romanos después de que los rehenes que los púnicos tenían para chantajear a los dos caudillos -hijas de Indíbil y mujer de Mandonio- fueran liberados por Escipión el Africano tras tomar Cartago Nova.

Años después, en el 206 a.C., los caudillos se rebelaron contra Roma tras oír los falsos rumores de la muerte de Escipión que tantos quebraderos de cabeza trajo al Africano, solo aquejado por una enfermedad que sanó. Fueron derrotados por el Cornelio y volvieron a someterse a él, solo para volver a levantarse al año siguiente, con Escipión fuera del escenario hispano. Reunieron a tal efecto 30.000 infantes y 4.000 jinetes, pero fueron derrotados por Lucio Cornelio Léntulo y Lucio Manlio Acidino. Indíbil murió en batalla. Mandonio trató de huir, pero fue entregado por los suyos y ejecutado.


Carta #74: Triunfo



El triunfo era el mayor honor que la República de Roma deparaba a sus prohombres, antes de que, en tiempos imperiales -donde pasó a ser una ceremonia solo para gloriar al emperador y su familia-, los mejores emperadores llegaran a ser divinizados y adorados tras su muerte. Su categoría era mayor que la de la ovación.

Los aristócratas que concluían una guerra o campaña exitosamente, después de ser aclamados por su ejército, podían solicitar al Senado esta ceremonia, consistente en un desfile militar para el que el ejército quedaba fuera de las murallas, en el Campo de Marte. Probablemente para evitar el establecimiento de tiranías, esta y otras tradiciones que impedían a los generales introducir el ejército en la ciudad fueron preservadas con connotaciones religiosas y con gran éxito, pues solo las transgredieron dos hombres durante la República: Lucio Cornelio Sila Fénix y el celebérrimo Cayo Julio César. Ambos sucesos provocaron guerras civiles.

El desfile se hacía en una cuádriga tirada por cuatro caballos blancos. Al general, ataviado con una corona de laurel, le acompañaba un esclavo que la sujetaba y le repetía las palabras: “Respice post te, hominem te esse memento” (“Mira atrás y recuerda que solo eres un hombre”). Esta frase le recordaba su humildad al vencedor, que vestía una toga -picta- púrpura adornada con hilo de oro y era precedido por el Senado. El desfile se realizaba desde la Porta Triumphalis hasta el templo de Júpiter Óptimo Máximo, donde el vencedor, acompañado de sus lictores o escolta, ofrecía sus laureles antes de celebrar una fiesta para el pueblo costeada por él.


Carta #75: Rey Baga de Mauritania



El rey de Mauritania, Baga, facilitó la vuelta de Masinisa a sus dominios. Cuando este volvió desde Hispania a África, se vio en la tesitura de escoger si pasaba por el dominio de sus enemigo Sífax o por Mauritania. Escogió bien al optar por Mauritania, cuya capital era Siga, la actual Ceuta, pues el monarca le proveyó de una escolta hasta llegar al límite de sus territorios.


Carta #76: Invierno duro



Incluso en los conflictos armados más sanguinarios, a veces a ambos bandos interesa suspender los actos de guerra para reorganizarse, hacer acopio de recursos o, simplemente, descansar. En la Antigüedad, los ejércitos se retiraban a sus cuarteles de invierno cuando llegaba el mal tiempo, y no se combatía hasta la primavera.

Romanos y cartagineses pactaron una tregua en el penúltimo año de la Segunda Guerra Púnica para discutir términos de paz tras las primeras victorias de Escipión y Masinisa en África, pero los propios cartagineses la traicionaron al apoderarse de 200 barcos con suministros romanos, y era por estos sucesos y otros peores que Tito Livio hablaba tan irónicamente de la “fidelidad púnica”.


Carta #77: Estampida de elefantes



Los elefantes causaban estragos en el campo de batalla y eran un valioso activo de los cartagineses, pero eran una espada de doble filo. Con el tiempo, el enemigo aprendió a contrarrestarlos al infundir terror en ellos y provocar estampidas que dañaban a los propios africanos. Algunas estrategias que se utilizaron fueron atemorizarlos con el chillido de los cerdos, que arrojaban en llamas sobre ellos -aunque esto no sucedió durante la Segunda Guerra Púnica-, arrojar jabalinas sobre ellos o cortarles las trompas.

Escipión el Africano demostró mucho ingenio en la batalla de Zama. Por una parte, parece ser que formó a sus soldados en cuadros dispuestos de manera alterna en varias filas, como los escaques de cada color en un damero. De esta manera, podían maniobrar para formar pasillos por los que los elefantes se conducían naturalmente y en los que los acribillaban con dardos. Por otro lado, bruñió las corazas e impedimenta de sus hombres para que reflejaran el sol sobre los cartagineses. Por último, les dio instrumentos musicales para asustar a las bestias y provocar estampidas. Brillante, ¿verdad?


Carta #78: Botín de guerra



Las ciudades albergaban a menudo gran riqueza y se convertían en el objetivo de los antiguos conquistadores por motivos no solo estratégicos, sino también puramente económicos. Era el modo de actuar de los galos, los germánicos, los hunos y los vikingos, por ejemplo. A los soldados les correspondía parte del botín, y otra parte a los generales y a los estados a los que pertenecían. Se cuenta que los saguntinos quemaron sus riquezas para evitar que Aníbal que se apropiara de ellas.

Lucio Emilio Paulo y Marco Livio Salinator fueron acusados, años antes de la Segunda Guerra Púnica en la que tan gloriosamente se desenvolvieron, de repartir injustamente el botín de su guerra contra Demetrio de Faros. Aunque ambos siempre se declararon inocentes, Salinator sufrió el destierro, mientras que Lucio Emilio Paulo no estuvo lejos del castigo.


Carta #79: Fidelidad púnica



Así se refería de manera sarcástica Tito Livio al carácter traicionero y mentiroso de los cartagineses. Y, ciertamente, tenían buenas razones para recelar de ellos, pues rompieron treguas y transgredieron tratos hechos con el enemigo. El término se usa expresamente para definir lo ocurrido tras la batalla de Trasimeno, cuando se prometió a seis millares de supervivientes huidos romanos y perseguidos por Maharbal que se les permitiría escapar con una sola prenda a cada uno si se rendían. En lugar de ello, se les encadenó.


Carta #80: Dictador



Los romanos, y especialmente la clase senatorial, después de haber expulsado mientras estaba guerreando fuera de las murallas al último rey etrusco -séptimo monarca romano-, Tarquinio el Soberbio, un déspota, como su hijo -que desencadenó la rebelión al violar a una joven patricia que se suicidó después-, del que no guardaban buen recuerdo, temían que un solo hombre volviera a acumular un poder demasiado grande sobre su propia persona. Fue precisamente esta inclinación la que llevó a la muerte a Cayo Julio César, dictador perpetuo, en la escalinata del Senado.

Para preservar este reparto de poderes, los romanos crearon órganos colegiados para detentar los tres poderes del estado: dos cónsules elegidos anualmente y sin repetirse en el cargo seguidamente para detentar el ejecutivo y dos pretores para detentar el poder judicial, mientras que el legislativo quedaba en manos del Senado, formado por tres centenares de aristócratas. Asimismo, a cada cónsul le correspondía el mando de un ejército formado por dos legiones y dos alas auxiliares, sumando un total de unos veinte mil efectivos.

A lo dicho anteriormente, hay que hablar de una notable excepción: en tiempos de extrema necesidad, el Senado escogía a un dictador por un periodo máximo de medio año para que detentase todo el poder ejecutivo y el control de los ejércitos mientras los cónsules se inhibían. Un notable dictador de la Segunda Guerra Púnica fue el anciano Quinto Fabio Máximo, cuyo magister equitum o jefe de caballería, primer oficial del dictador, fue Marco Minucio Rufo, que si bien lo criticó abiertamente al principio y recibió mayores atribuciones de Roma, pidió perdón con humildad y se mostró sumiso cuando Máximo lo salvó a él y su ejército en la batalla de Geronio.








martes, 5 de septiembre de 2017

ANÍBAL Y AMÍLCAR – ROMA CONTRA CARTAGO. Una Revisión Histórica de las Cartas de Estrategia - VII




La Primera y Segunda Guerra Púnica supusieron un enfrentamiento entre dos grandes potencias que marcaría el devenir histórico de nuestro país. Por ello, hemos preparado la siguiente revisión histórica de las cartas de estrategia en las que podréis comprobar cómo se han integrado los acontecimientos históricos en el funcionamiento de cada una de las cartas del juego.

Desde Ediciones MasQueOCa queremos dar la gracias a Francisco Floro, que se ha encargado de su elaboración y amablemente nos ha permitido compartirla en el blog con todos vosotros.

Nota: la traducción final puede variar del nombre actual de cada carta.


CARTAS 61-70



Carta #61, #62 y #63: Marcha forzada



El ejército romano estaba tan portentosamente bien entrenado y disciplinado que era capaz de acometer una machar de 75 kilómetros en un solo día y con 40-50 kilos de impedimenta por soldado, sorprendiendo completamente y aniquilando al enemigo.

Dos marchas forzadas de la Segunda Guerra Púnica son especialmente célebres: por una parte, la de Escipión desde Tarraco hasta Carthago Nova para tomar la ciudad sorpresiva y rápidamente en un asalto por tierra, mar y el lago interior. Por otra, la de Cayo Claudio Nerón desde el Metaponto, engañando a Aníbal y haciéndole creer que dejaba allí a su ejército completo -dejó, en su lugar, un pequeño contingente completamente expuesto- para unirse a Salinator en la batalla del Metauro (207 a.C.) y aniquilar a Asdrúbal y sus fuerzas con un inteligente movimiento táctico de pinza. Esta batalla fue trascendental porque impidió que Aníbal recibiese los refuerzos que tanto necesitaba.


Carta #64: Tregua



Incluso en los conflictos armados más sanguinarios, a veces a ambos bandos interesa suspender los actos de guerra para reorganizarse, hacer acopio de recursos o, simplemente, descansar. En la Antigüedad, los ejércitos se retiraban a sus cuarteles de invierno cuando llegaba el mal tiempo, y no se combatía hasta la primavera.

Romanos y cartagineses pactaron una tregua en el penúltimo año de la Segunda Guerra Púnica para discutir términos de paz tras las primeras victorias de Escipión y Masinisa en África, pero los propios cartagineses la traicionaron al apoderarse de 200 barcos con suministros romanos, y era por estos sucesos y otros peores que Tito Livio hablaba tan irónicamente de la “fidelidad púnica”.


Carta #65: Decepción y sorpresa



El comentario de esta carta lo haré sobre la curiosa ilustración, la de las reses con antorchas atadas a los cuernos. Esta treta ponía en estampida a las vacas, provocando caos entre el enemigo. Los Barca habían visto a los habitantes de Hispania utilizarla contra ellos y Aníbal, que era un táctico brillante, decidió repetir la argucia para evadirse de Quinto Fabio Máximo en la batalla del Ager Falernus (campo de Falerno, en Campania, las más ricas tierras italianas, célebres por los vinos que se obtenían de ellas).

Quinto Fabio Máximo, a su manera, era tan brillante como Aníbal, pero su carácter era eminentemente defensivo. Se dio cuenta de que a los cartagineses les costaba mucho hacer acopio de suministros y de que Aníbal siempre conseguía atraer al enemigo al campo de batalla más apto para sus estratagemas, así que decidió matar de hambre a sus hombres, enviando a la caballería para hostigar a los forrajeadores en una guerra de guerrillas prototípica y encerrándolo con su ejército entre montañas y ríos, en los que ocupó los pasos, puentes y vados, cuando se habían acabado los suministros del adversario y habida cuenta de que no se podía aprovisionar allí. Aquí nació la expresión “tácticas fabianas”, en honor al general que fue conocido como “Escudo de Roma” y como “Cuntactor” (Postergador).

Aníbal, como se ha dicho, había tomado buena cuenta de la táctica del ganado con antorchas, y la utilizó en la noche para hacer creer a los romanos que su ejército atacaba, desviando la atención de los legionarios a las reses, que desocuparon un paso que el púnico utilizaría para escapar.


Carta #66: Imperium - Iberia



A Iberia o Hispania fueron como comandantes durante buena parte de la guerra dos hermanos, respectivamente padre y tío de Escipión el Africano. Sus nombres eran Publio y Cneo, de la gens Cornelia y de la familia de los Escipiones (“scipio” significa bastón en latín). Aunque dirigían distintas fuerzas y desde distintos lugares, a menudo actuaron de manera coordinada. Es el caso de la batalla del Betis Superior (211 a.C.), donde ambos lucharon y cayeron respectivamente en Cástulo e Ilorci, con pocos días de diferencia.

Escipión traía a la batalla 20.000 italianos, mientras Cneo llevaba 10.000 italianos y 20.000 mercenarios hispanos. Publio se enfrentó a Magón y Asdrúbal Giscón, que contaban en principio con 10.000 hombres, y Cneo pretendía contender con Asdrúbal Barca y Masinisa, que comandaban 15.000. Lamentablemente para los romanos, Asdrúbal Barca envió a Masinisa, un líder íbero que podría ser Amtorgis, Indíbil o ambos e importantes refuerzos a Magón, y consiguió, por su parte, reforzar sus fuerzas atrayendo a los mercenarios hispanos de las fuerzas romanas hacia su propio bando, lo que reducía a su vez el poder romano.

Escipión y su ejército fueron derrotados en un ataque por varios flancos. Por si fuera poca la mala suerte de los romanos, los generales que le enfrentaron se unieron a Asdrúbal Barca con sus tropas para someter a Cneo.


Carta #67: Revuelta en la Bética



La influencia cartaginesa en Hispania, donde el ejército púnico se nutría en buena medida de soldados, empieza cuando Hamílcar Barca cruza el estrecho (236 a.C.) tras la Primera Guerra Púnica y comienza a expandir su control con la conquista y la diplomacia. Continúa cuando su yerno funda Qart Hadasht/Cartago Nova (227 a.C.) en una posición naturalmente estratégica, y más tarde con el hijo de Hamílcar, el temible Aníbal.

Estas relaciones no eran siempre de igual a igual, y los cartagineses tomaban rehenes entre los hijos de la nobleza hispana para evitar levantamientos. Escipión el Africano se dio cuenta de ello y se apoderó de la ciudad en el 209 a.C., enviando a los rehenes de vuelta para ganarse la amistad de los pueblos ibéricos. Había aprendido la lección de la importancia de una cuidadosa diplomacia con mucha crueldad, pues su tío Cneo murió después de que 20.000 celtíberos lo traicionaran en plena batalla y lo abandonaran (batalla del Betis Superior, 211 a.C.).


Carta #68: Escasez de hombres



Los romanos sufrieron muchas bajas durante la Segunda Guerra Púnica, especialmente cuando perdieron 70.000 hombres en Cannas, pero también en otras sangrientas batallas como Trasimeno o la del Betis Superior. Los romanos no tenían número ilimitado, tenía que quedar alguien para trabajar los campos y los aliados a menudo cometieron sedición y se negaron a reclutar nuevas levas para luchar junto a los quirites. Ejemplifica esta desesperación muy bien el reclutamiento de dos legiones de esclavos.


Carta #69: Masinisa



Maharbal era uno de los jefes de caballería de Aníbal, el más destacado junto a Cartalón. Estaba al mando de la caballería ligera númida: hábiles jinetes que montaban sin silla, casi desnudos, armados con dardos para hostigar al enemigo, perseguirlo y atraerlo a otras zonas de la batalla. Los cronistas nos cuentan que estos jinetes a menudo utilizaban dos caballos, saltando al de refresco en medio de la batalla cuando el primero quedaba agotado.

Cuando Aníbal venció en Cannas, se cuenta que Maharbal, que le aconsejaba atacar Roma entonces, le dijo: “En verdad los dioses no conceden todos los dones al mismo hombre. Sabes ganar una batalla, Aníbal, pero no aprovechar la victoria.” Nunca sabremos si tenía razón, pero ciertamente no habría sido un asedio fácil.


Carta #70: Arquímedes



Arquímedes de Siracusa fue un célebre polímata de la Antigüedad. Este erudito participaba en los campos de la ingeniería, la invención, la física, la astronomía y la matemática. Famoso es el “principio de Arquímedes”, que habla sobre la fuerza con la que un objeto sumergido es empujado hacia arriba, y también la historia que narra cómo se percató, al bañarse, de que podía utilizar una masa acuática para determinar el volumen de un objeto, y por tanto, su densidad. Se cuenta que de esta manera halló la manera de determinar si un objeto era de oro puro o de un oro adulterado, y que en el éxtasis del descubrimiento salió desnudo a la calle gritando “¡Eureka!” (significa “lo he descubierto”)-. Célebre también es su precisión al calcular el número π, y célebre es el sabio por descubrir los principios de aplicación de la palanca y la polea (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” dijo).

Arquímedes inventó máquinas para luchar contra los romanos durante el asedio de Siracusa, incluyendo grúas para levantar a los barcos enemigos y espejos para prenderles fuego. Murió en el 212 a.C. con 75 años, a pesar de que Marcelo había dado órdenes de respetar su vida.